Seguramente sería una cena magnífica, de la cual saldríamos con la certeza de su gran amor para con nosotros. Nos revelaría que no le importó que fuéramos pecadores. Él decidió acompañarnos, no solamente en nuestros convivios y ágapes; no únicamente en nuestra vida diaria. Por mero amor, por un amor que definitivamente no merecíamos, decidió vivir entre nosotros, y entregar Su vida por rescatarnos. Por amor, Dios Padre envió a Su Hijo Jesucristo, y no lo envió para condenar al mundo, si no para que el mundo fuera salvo por Él.
Al venir al mundo, ello fue su objetivo: dar a conocer a Su Padre, y salvar al mundo perdido. Nos dio el regalo de Su sacrificio, para la redención de toda la humanidad que quisiera ser salva. De ahí viene la costumbre de obsequiarnos regalos, conmemorando el precioso regalo de su vida y de su muerte.
El amor de Jesucristo no fue un amor “en pago”, un amor recíproco. Él nos amó primero, cuando el ser humano aún no le amaba. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su hijo en propiciación por nuestros pecados. Romanos 5: 8
De esto, pues, trata la navidad, de esto trata el cristianismo: de amor. De conocer a Dios, y tener Su amor, de vivir Su amor. Jesucristo nos dejó un nuevo mandamiento, antes de reintegrarse a las moradas celestiales: que os améis unos a otros. Juan 13: 34
Y nos manda superarnos en el campo espiritual, para vivir en la máxima expresión de la vida cristiana, así: …añadiendo a la fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 2 Pedro 1: 6.
Que el amor del Señor esté en vuestros hogares en ésta navidad, y esa misma vivencia os acompañe siempre.
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domingo, 23 de diciembre de 2012
martes, 23 de diciembre de 2008
FELIZ NAVIDAD
Diciembre de 2008
Los corazones de los hombres vibran en un tono diferente durante éstas fechas decembrinas, cual pocas veces en los doce meses anteriores. ¿Porqué? No en forma gratuita, ni inexplicablemente. Ese sentimiento tan especial es obra del Espíritu Santo, que ya actuó así anteriormente en la humanidad al hacernos sentir la Gracia de Dios, que algún día expresó así Su benevolencia a la humanidad:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha
dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquél
que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Juan 3: 16
Dios ejerció su amor por la humanidad, su amor ágape, un tipo de amor incomprensible por nosotros, un tipo de amor inconmensurable. Porque ése hijo unigénito debía venir a rescatar a gente como tú, como yo, gente que caminaba irremisiblemente a la perdición:
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar
Lo que se había perdido”
Lucas 19: 10
Y quien era ese que se había perdido, sino justamente tú, querido amigo, que has pecado, como todos los pertenecientes a ésta humanidad:
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la Gloria de Dios”
Romanos 3: 23
Y debíamos pagar esos pecados con la muerte eterna, también llamada el infierno. Pero ése amor ágape al que nos referimos al principio fue el que Le movió a inmolarse por ti, pecador, y por mí, y por toda la humanidad que en Él cree.
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la
dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús,
Señor Nuestro”
Romanos 6: 23
Si eres de ese grupo que en Él cree, felicidades. Porque de esto se trata la Natividad del Señor, de esto se trata Su nacimiento.
“Él Señor no retarda Su promesa, según
algunos la tienes por tardanza, sino que es
paciente para con nosotros, no queriendo que
ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento”
2 Pedro 3: 8
Creamos que Él es el único en quien se puede confiar para aquel día, para el día de nuestra redención. Creamos que solo en Él hay salvación, y perdón de nuestros pecados. Y alegrémonos con todos los que hemos optado por el Señor, diciendo:
FELIZ
NATIVIDAD
Los corazones de los hombres vibran en un tono diferente durante éstas fechas decembrinas, cual pocas veces en los doce meses anteriores. ¿Porqué? No en forma gratuita, ni inexplicablemente. Ese sentimiento tan especial es obra del Espíritu Santo, que ya actuó así anteriormente en la humanidad al hacernos sentir la Gracia de Dios, que algún día expresó así Su benevolencia a la humanidad:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha
dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquél
que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Juan 3: 16
Dios ejerció su amor por la humanidad, su amor ágape, un tipo de amor incomprensible por nosotros, un tipo de amor inconmensurable. Porque ése hijo unigénito debía venir a rescatar a gente como tú, como yo, gente que caminaba irremisiblemente a la perdición:
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar
Lo que se había perdido”
Lucas 19: 10
Y quien era ese que se había perdido, sino justamente tú, querido amigo, que has pecado, como todos los pertenecientes a ésta humanidad:
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la Gloria de Dios”
Romanos 3: 23
Y debíamos pagar esos pecados con la muerte eterna, también llamada el infierno. Pero ése amor ágape al que nos referimos al principio fue el que Le movió a inmolarse por ti, pecador, y por mí, y por toda la humanidad que en Él cree.
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la
dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús,
Señor Nuestro”
Romanos 6: 23
Si eres de ese grupo que en Él cree, felicidades. Porque de esto se trata la Natividad del Señor, de esto se trata Su nacimiento.
“Él Señor no retarda Su promesa, según
algunos la tienes por tardanza, sino que es
paciente para con nosotros, no queriendo que
ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento”
2 Pedro 3: 8
Creamos que Él es el único en quien se puede confiar para aquel día, para el día de nuestra redención. Creamos que solo en Él hay salvación, y perdón de nuestros pecados. Y alegrémonos con todos los que hemos optado por el Señor, diciendo:
FELIZ
NATIVIDAD
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